lunes, 29 de abril de 2013

El diagnóstico del TDAH

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El diagnóstico del TDAH por Laura Perales Bermejo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Hace mes y medio escribí una entrada sobre las etiquetas en los niños, que recomiendo leer:

Basta de etiquetas falsas

En esta entrada hablaba entre otras cosas del TDAH, "enfermedad" que yo también considero creada para dar salida a un medicamento, al igual que comenta este médico en el programa Salvados:

Hoy aporto el documento de criterio diagóstico para el TDAH directamente de la herramienta oficial de diagnóstico, el DSM-IV. Leed y sacad vuestras conclusiones. Sobre todo si algo de lo que se indica está alejado de lo que es un niño sano.

Criterio diagnóstico TDAH DSM-IV TR

Si, un niño sano hace estas cosas, efectivamente. Con suerte un adulto también. Pero se tacha de enfermedad lo que no encaja con la comodidad de la sociedad. Y se medica con derivados de la anfetamina como Concerta o Ritalin, se ROBAN vidas en base a lo que un psiquiatra o psicólogo decide qué es demasiado movimiento en un niño, cuando movimiento y niño son sinónimos.

No me canso de decirlo: LO QUE FALLA ES LA SOCIEDAD, NO LOS NIÑOS, es la sociedad la que debería adaptarse a ellos de una vez, bajarse de la concepción adultocéntrica y ver a los niños como lo que son: personas cuyo desarrollo debería ser SAGRADO. No tenemos derecho a robarles sus vidas.

Se utiliza este criterio diagnóstico, a veces junto con entrevistas a los padres o profesores, que en la mayoría de los casos están en el mismo punto de pensamiento sobre que los niños no deberían ser tales (por lo general por falta de información o porque por desgracia confían en profesionales poco cualificados). Si se diagnostica además en base a algún test, ¿qué mide ese test? ¿lo niño que es un niño? porque si mide alguna "alteración" habrá que tomarla como síntoma y ver qué es lo que falla, no eliminar el síntoma (y de paso la vitalidad del individuo) a base de medicación ignorando la causa de fondo (lo preocupante es que se diagnostique esto).

¿Dónde estamos llevando la ética profesional con los pacientes? ¿ignoramos lo que causa la enfermedad si es que la hay y lo mantenemos? ¿ignoramos las pistas? ¿ofrecemos niños a la carta que no molesten demasiado, no piensen demasiado, no destaquen demasiado...que es lo que les viene bien a los padres, a la escuela y en definitiva a la sociedad? en ese caso nos convertimos en herramientas de la enfermedad, no de la salud. No somos psicólogos, psiquiatras o médicos. En ese caso somos esclavos que además esclavizan.

Planteemoslo de otro modo: si una mujer denuncia que es maltratada, ¿le decimos que lo suyo se llama enfermedad del maltratado y que se tome antiinflamatorios o ponemos fin a esa situación de maltrato?

Vuelvo a colgar aquí los dos vídeos de la entrada anterior:





Muchos padres, que por supuesto creen verdaderamente que sus hijos están enfermos, dicen que desde que los medican (aunque utilizar esta palabra no es adecuado, un medicamento cura) sus hijos están más tranquilos, centrados y felices. Por supuesto que se les ve así. Están bajo la influencia de un derivado de la anfetamina. Otra cosa es lo que esté pasando realmente y cómo afecta a su desarrollo, porque ese niño ya no está ahí en los años en los que se forma como persona. Esos niños pueden expresar felicidad simplemente porque sólo desean agradar a su padres a los que idolatran, como todo niño, e incluso se sienten culpables por haber sido "malos" anteriormente al medicamento. Se agarran al medicamento porque es lo que perciben que les da la aprobación paterna (de unos padres que por lo general no es que aprueben esto, es que sencillamente creen que su hijo está curándose). Se sienten culpables por ser.

Cada vez más niños (y padres) son víctimas de esta mentira. Si lees esto y estás en esta situación o ves que te arrastran a ella, piensa en lo que es un niño. Lee el cuestionario, mira los vídeos. Aunque sólo sea por darle la oportunidad de vivir a tu hijo.

Laura Perales. Psicóloga, madre y dueña de www.renacuajos.com



martes, 23 de abril de 2013

Las rabietas

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Las rabietas por Laura Perales Bermejo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Este domingo en el programa Redes Elsa Punset entrevistaba a René Diekstra sobre el desarrollo del niño. Vi el programa con buenas expectativas, ya que el enfoque suele ser bueno, tratando la inteligencia emocional.

Hablaron de lo dañino que es dejar llorar a los niños (incluso mencionaron el tema del cortisol), dieron un NO rotundo al cachete...todo iba bien hasta que se preguntó por el tema de las rabietas. Me quedé atónita mientras escuchaba como en una sección dedicada a la inteligencia emocional se recomendaba ignorar las rabietas y no premiarlas con atención en la más pura onda cognitivo-conductual.

Por supuesto que las rabietas no se deben ignorar.

¿Qué son las rabietas?

Son un modo de expresión emocional de los niños. Ignorarlas es ignorar sus emociones.

Los niños sienten emociones de un modo intenso y puro, por lo que su expresión emocional también es pura e intensa (lo cual no significa que exageren o hagan teatro como atribuyen muchos adultos). Son emociones del aquí y ahora (no por llorar y al rato reír nos toman el pelo, realmente sienten ambas cosas en momentos diferentes), emociones verdaderas que aun no están mediadas por el cerebro superior cortical y racional. No existe la barrera de razonamiento que proporciona ese área cerebral.

Por el mismo motivo tampoco existe esa barrera cortical para frenar el impacto emocional y lo que sufrimos en esta etapa de nuestra vida nos marca para lo que queda de la misma. Es de vital importancia cómo tratamos a nuestros hijos en otros temas y por supuesto en este de las rabietas. Lo que hagamos va a condicionar el resto de su vida.

Una rabieta es un modo de comunicar. Si es ignorada esa comunicación ha fracasado. Si es ignorada y el niño al final se "calma" no se ha conseguido nada bueno, lo que se ha conseguido es que el niño llegue a una fase de resignación que trae de la mano consecuencias muy peligrosas como la ansiedad o la depresión (indefensión aprendida).

Los niños no buscan manipular, ni quedar por encima de nadie. Eso son atribuciones adultas que además dicen mucho sobre nuestras propias vivencias infantiles.


Al reprimir o ignorar una rabieta estamos transmitiendo un mensaje al niño: no expreses tus emociones, no nos gusta. Incluso el niño puede temer un abandono por parte de los padres. De este modo el niño aprende a no expresar lo que siente y a ser un niño "bueno", lo cual por desgracia es aprobado socialmente, pero qué lejos está de la realidad, que es ni más ni menos que una base de emociones reprimidas que son una bomba de relojería camufladas bajo una máscara de amabilidad, la creación de una coraza psicológica y corporal en la que se crean tensiones musculares crónicas correspondientes a la zona del cuerpo en apogeo del desarrollo en ese momento evolutivo. Esto nos acompaña toda la vida, condicionando nuestra existencia en cuanto a nuestras acciones (conscientes e inconscientes), nuestra percepción, incluso la vida de nuestros hijos.

El niño que no tiene rabietas...mal vamos...

El problema de la lucha de poder

Cómo nos alteran las rabietas. Normal, hacen salir de nosotros nuestros fantasmas del pasado. Nuestros hijos pasan a ser enemigos manipuladores en una lucha de poder. Qué alejada está la verdad de esto, como ya hemos comentado antes.

Nos alteran tanto que perdemos de vista la lógica:

-Enfocamos nuestra intención en finalizar la rabieta (sobre todo si tenemos público, cosa que parece importar mucho más por el qué pensarán) sin darnos cuenta de que no es eso lo que importa. Lo que importa es que el niño se sienta acompañado, querido de modo incondicional, que verbalicemos sus emociones y las nuestras para ayudarle a identificarlas y gestionarlas. La rabieta puede durar lo que dure, eso no es lo que importa.

-Por el mismo motivo enfocamos nuestra intención en evitar que se produzca la rabieta, pero de un modo erróneo. En vez de anticiparnos a ella cuando es posible hacerlo (por ejemplo si sabemos que a cierta hora empieza a tener hambre podemos hacer la comida, si sabemos que va a querer coger algo que no debe coger podemos dar un rodeo sin pasar cerca, o si es algo de nuestra casa simplemente no dejarlo a su alcance), lo que hacemos es reprimirla expresando desaprobación o rabia, lo cual es tremendamente paradójico si tenemos en cuenta el aprendizaje vicario (mediante el ejemplo) y su gran peso en el comportamiento de nuestros hijos (ofreciéndoles además escenas diarias de rabia en peleas conyugales o con otros adultos).

-Perdemos de vista lo que realmente aprenden nuestros hijos y damos importancia a cosas que no deberían tenerla. Por ejemplo, en el caso de pegar, ¿qué es lo que tememos? porque una cosa es la agresividad natural y otra la destructividad, donde precisamente les llevamos con esta represión emocional. La agresividad aparece como defensa, imitación o desahogo de situaciones estresantes (como una crianza autoritaria) y si es reprimida aparece la destructividad y la violencia. Hay que buscar las causas, no reprimir el síntoma. Parece que importa más que el niño no pegue a ningún otro en el colegio, o que no lo vea nadie, al aprendizaje que va a acompañar al niño en su vida. Si cuando pegan en vez de decirles que eso no se hace verbalizamos lo que ellos y nosotros sentimos, si le damos herramientas de descarga (como verbalizar o permitir que verbalicen, separar a los niños para que expresen su rabia de otro modo pero que siempre la expresen), todo irá mucho mejor. Pasa lo mismo con el tema de compartir, la gran obsesión de los padres cuando están en público con más padres con niños. Un niño antes de los 3-4 años no comprende que hay que compartir porque está en plena fase egocéntrica y no es capaz de comprender lo que sienten los demás. Después de esa edad les puede resultar violento porque son cosas que perciben como suyas y no entienden por qué mamá o papá se transforman cuando hay otras personas delante y les piden esas cosas. Si a papá o a mamá les quitasen sus pertenencias por la calle mientras les dicen que hay que compartir con un tono paternalista que da escalofríos papá y mamá se enfadarían mucho, se rebelarían e incluso pondrían una denuncia.

-En la obsesión por la lucha de poder no vemos cosas obvias. Un ejemplo anoche en mi propia casa a la hora de dormir: Mi hijo estaba pidiendo galletas de fresa. Su padre estaba en la cocina y desde el dormitorio escuché como se las negaba y el niño comenzaba a rabiar. Tuve que ir para decirle que el niño ya había cenado y que no pasaba nada si quería unas galletas, aparte de que conociendo al niño sabía que lo que quería no era comer galletas, sino llevarse a dormir el paquete en el que vienen envueltas sin llegar a abrirlas (todas las noches se lleva algo a dormir, ya sea un muñeco, una tapa o esta vez esto). Es decir, lo que quería era irse a dormir. Le dio el paquete, el niño vino a la cama contento y se quedó dormido con el paquete intacto en la mano. Pero si no cambias el enfoque por el del niño, si no eres capaz de llegar a comprender por qué actúa de ese modo, qué es lo que quiere realmente, adaptándote tanto a lo que el niño entiende por la fase evolutiva en la que se encuentre como a lo que conoces de tu propio hijo...no vas a comprender nada, porque el enfoque seguirá siendo adulto y con atribuciones falsas.

-A veces simplemente están cansados porque no han dormido bien, porque están enfermos, o porque llevan un día muy movido. En esos momentos es fácil que tengan rabietas, y en esos momentos es cuando más necesitan que estemos ahí y que sepamos que esto puede ocurrir. ¡Cuando nosotros tenemos un mal día o estamos enfermos o cansados también tenemos rabietas! De hecho estamos a la que salta, irascibles, nos enfadamos por cosas que no vienen a cuento. Imaginémonos por un momento que entonces nos ignoran, nos responden con rabia o nos reprimen, ¿qué sentiríamos? Ahora traslademos ese sentimiento a un niño que nos idolatra, para el que somos la base de seguridad y referencia emocional, al que el impacto emocional llega directamente por esa ausencia de protección cortical. Efectivamente, les afecta muchísimo más que a nosotros, les marca.

-Nos tomamos al pie de la letra lo que dicen los niños y lo dramatizamos. Un niño puede decirle a su madre que quiere que se muera porque está muy enfadado. Nosotros podemos reaccionar de dos maneras: exagerando y culpabilizando al niño o del modo sano, que sería diciéndoles que vemos lo enfadados que están.

-Muchas veces nosotros creamos la rabieta. Un ejemplo es el que he puesto antes de mi marido y las galletas. Otro ejemplo común es obligarles a hacer cosas sin tener en cuenta cómo es el mundo infantil en el que viven todo mediante la imaginación, el juego y la experiencia. En este caso el niño no aprende a autorregularse, no integra, no saca más aprendizaje que el sometimiento (eso si, luego paradójicamente pedimos adultos independientes y con iniciativa). Si un niño no quiere vestirse, podemos dejar que elija su ropa, o darle vida a la ropa jugando, o apelar a su imaginación diciendo que es una armadura de caballero o escamas de un dragón, o simplemente si hace frío dejar pasar unos minutos para que sea el mismo niño el que vea que necesita ir vestido y aprenda verdaderamente sobre el motivo de ello.



-Se parte de una premisa falsa, la necesidad de frustrar a los niños desde pequeños "para enfrentarles a la realidad" (Teoría de la frustración de Freud). Esto pudimos verlo hace poco en otro programa de televisión en el que María Luisa Ferrerós, lobo con piel de cordero donde los haya, dejaba caer este argumento entre otras lindezas como que a los niños les ofreces la mano y te cogen hasta el hombro y las "consecuencias pedagógicas", todo debidamente maquillado entre un discurso destinado a confundir sobre su inclinación conductista (además discípula de Estivill) y a vender libros (aparte de esto, dar gracias a Carlos Gonzalez y a Elena Mayorga por dar voz a los niños):

Un niño no aprende correctamente mediante la frustración de sus instintos o emociones. Aprende mediante el placer, la imitación, y como hemos dicho antes mediante el juego, la imaginación y la experiencia propia (no impuesta).  Precisamente si lo que queremos es que puedan hacer frente a la vida debemos proporcionarle un entorno donde desarrollarse en base a todo esto para que se forme una persona fuerte, que sabe lo que siente y sabe gestionarlo, que es capaz de ponerse en el lugar de los demás, que es capaz de afrontar situaciones difíciles sin derrumbarse porque cuando necesitó que su base se formase tuvo esa seguridad y esa calidez. Frustrándole estamos enseñándole todo lo contrario y así le va al mundo, lleno de personas enfermas que no saben ni lo que sienten, deprimidos, infelices, violentos...condicionados para toda su vida por esta represión y negación constante en su infancia.

-La rabia y el miedo son emociones igual de válidas que las vistas como positivas. Se alienta en el niño la expresión de la alegría porque nos produce bienestar mientras se reprimen la rabia y el miedo. El problema no está en el niño, está en nosotros. Hay que pensar por qué sentimos ese rechazo, mirar hacia nuestra infancia y comprender que lo que hay que solucionar está en nuestro interior, no en el niño.

-Hay que tenerles en cuenta como personas. Si nosotros estamos haciendo algo y nos interrumpen no dejamos lo que estamos haciendo para responder de modo inmediato, de hecho hasta nos enfadamos porque nos interrumpen porque para nosotros lo que estamos haciendo es importante. En cambio exigimos a los niños respuesta inmediata cuando estén haciendo lo que estén haciendo (cosa que no es relevante porque para ellos es importante aunque sea jugar) lo dejen para que por ejemplo vengan a comer. Es más, se lo pedimos incluso desde otra habitación, en vez de acercarnos, ponernos a su nivel agachándonos y decirles que sabemos que están pasándoselo muy bien jugando pero que hemos hecho la cena y esta se enfría, que nos acompañen a cenar, para lo que podemos ir jugando a que somos leones que van a cuatro patas a cenar.

-A veces las rabietas se producen si o si. Si el niño no entra en el juego o alguna otra técnica y estamos hablando de algo que realmente no puede hacer, como por ejemplo jugar en una carretera o alimentarse de chucherías, hay que establecer el límite. A veces veo padres que con tal de evitar esa rabieta que les produce tanto malestar dejan a sus hijos hacer esas cosas. Es tan malo poner límites de modo autoritario (es tan perjudicial el castigo como el premio, que por ser refuerzo positivo no deja de ser algo a cambio y no se integra el aprendizaje) como la ausencia de ellos en situaciones de lógica en las que si debe haberlos. No es importante que se produzca o no esta rabieta, lo que es importante es lo de siempre: que el niño se sienta comprendido, querido y acompañado y en este caso que sepa que no puede hacer X porque es dañino para él.

Aparte de todo lo dicho ya como herramientas (dar vida a los objetos, tirar de la imaginación y el juego, anticipar...) podemos facilitar al niño que descargue su agresividad por ejemplo con peleas con churros de piscina toda la familia, o si está enfadado con nosotros le podemos proponer dibujar cómo se siente y que incluso pueda dibujarnos a nosotros y luego romper el dibujo. También puede servirnos como herramienta proponer que haga una canción contando lo que siente, o que nos lo represente con un teatrillo o escenificando con un muñeco lo que ha pasado, escribirle las cosas en notas graciosas o hacer entradas a modo de pregonero, todo a modo de broma...

La distracción juega un papel muy importante dada la forma en que sienten las emociones (puras, intensas y del momento), una vez que le ha quedado claro que sabemos lo que siente y que estamos a su lado y le queremos podemos distraerlo con un juego que le guste, o con una canción que podemos dejar incompleta para que la vaya completando.

Hacer tonterías con los niños es maravilloso. Ver cómo sus ojos se iluminan, cómo entran en el juego, cómo aportan sus ideas, cómo se ríen. La imaginación es nuestra gran aliada para acompañar a nuestros hijos. Ayer comentaba con un grupo de amigas sobre un niño que no había querido lavarse las manos, les decía si los adultos se las habían lavado también, pero sobre todo planteaba el juego y la imaginación, proponiendo a la mamá que enseñase al niño imágenes de microbios en Internet diciendo que menuda cara de patata tenía ese microbio y tonterías así, para luego ir a lavarlos de las manos mientras le decía que acababa de ver caer de una mano a uno con cara de boniato, entre risas, juego y complicidad. En vez de eso (no en el caso de este grupo de amigas, afortunadamente, pero si es lo habitual) se recurre a la imposición o a ignorar, creando y recrudeciendo la rabieta, con malestar para todos, niños y padres, en ausencia de aprendizaje.

Si nosotros integramos esto, nos será fácil ver esa mirada de niño, comprenderlo, ponernos a su altura y disfrutar jugando y haciendo tonterías. Aparte de ser lo mejor para nuestros hijos es muy divertido.

Con sus rabietas sentiremos rabia, incluso a veces odio. Vendrá la culpa por sentir esto hacia nuestros hijos. Pero no debemos olvidar que son emociones normales, que nos han enseñado a rechazarlas y por eso las rechazamos en nuestros hijos. Lidiemos con ellas, aceptemoslas, sepamos de dónde vienen...y una vez liberados de la culpa disfrutemos del juego.

Laura Perales. Psicóloga, madre y dueña de www.renacuajos.com

PD: Os dejo un vídeo en dos partes sobre como un papá evita una rabieta sin frustrarla y pone un límite, la niña quería salir a la calle pero evidentemente no podía salir sola. Está en portugués pero más o menos se entiende, la niña le dice que por qué está cerrada la puerta y que la abra, el papá en vez de entrar en bucle y decirla que no puede salir de modo autoritario le pregunta que quiere hacer fuera (y ella dice que mirar) y entran en un dialogo puramente de niño que finaliza con juego por parte del padre con una tontería como es acercarle la cámara varias veces y alejarse, la niña entra al juego y ya está! ya se le olvidó que quería salir fuera..

PARTE 1


PARTE 2










lunes, 1 de abril de 2013

Lo que proyectamos en nuestros hijos

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Lo que proyectamos en nuestro hijos by Laura Perales Bermejo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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Una de las cosas que peor llevo en este camino de aprendizaje continuo es ver lo normal que es frustrar a los niños constantemente, porque cada vez me doy más cuenta de ello. En actos cotidianos y por lo general sin ninguna maldad, más bien al contrario, o de modo inconsciente. Pero cuanto daño se hace...porque una estructura psicológica dañada no necesita de grandes traumas (tal y como los vemos los adultos), se forma poquito a poquito con esas pequeñas cosas, ese día a día, esa represión de sentimientos, manipulación, chantaje...



Cada vez que salgo de casa veo algo de esto. Me atrevería a decir que cada vez que veo un niño fuera de mi casa o del colegio de mi hijo (donde afortunadamente no les tratan así) lo veo. Y se me rompe el corazón.

Hace unos días, parque del Retiro: Una niña se cae al suelo y se golpea una rodilla. Sus padres si no le dijeron 200 veces "venga, no pasa nada" no se lo dijeron ninguna. Una mantera que había al lado vendiendo pulseras le dijo a la niña "venga, eres fuerte". Todos con buenísima intención, pero la niña estaba en el suelo diciendo "pero a mi me duele", mirando hacia arriba con una cara de soledad inmensa mientras todo el mundo negaba sus sentimientos. Aprendiendo a no darles importancia.

Un poco más adelante: Un niño en plena rabieta que recibe como respuesta adulta un "a que me enfado yo". Es decir: no te enfades porque tu rabia no debe ser expresada, si tu expresas rabia yo me enfadaré, por lo tanto reprimela. Siéntete culpable por sentir. Guárdate constantemente tu rabia bajo tus ganas de agradarme y serás una persona muy amable en apariencia con una base de rabia hacia los demás reprimida y dispuesta a saltar.



Ayer en el tren: Una niña de unos 4 años va sentada con su madre y dos amigas de esta. Pasamos por una zona de El Pardo en la que se ven siempre gamos, vemos un grupo grande de ellos y las adultas empiezan a decir que han visto los "ciervos". La niña se lamenta triste porque dice que ella no los ha visto. Las adultas se ríen diciendo "ay la pobre, que no los ha visto". Que si, que "la pobre", pero la niña está viendo que os reís de lo que siente y dice. Que no es gracioso, que esa niña estaba triste, que porque un niño sea pequeño no hay que tratarle del modo "que rico y que gracioso, mira lo que dice", sino con respeto.

Entonces las 3 adultas se pusieron a hablar entre ellas, pulsando el botón de "modo niño off", ignorando a la niña. Era como una pantalla casi visible físicamente entre ellas y la niña. He visto tantas veces esa pantalla...

La niña, como era de esperar, comenzó a decir "mamá...mamá..mamá...", mientras las otras tres no daban signo alguno de saber que existía. La niña diciendo "habláis mucho, yo no hablo tanto todo el rato", y ni caso. Al final, ante la insistencia de la niña, la madre, visiblemente exasperada, le dijo que qué quería. La niña le pregunto a qué estación iban, pero lo que estaba diciendo constantemente con otras palabras era MAMÁ, ESTOY AQUÍ. La madre le contestó secamente y siguieron hablando entre las adultas.

No pasaron ni 30 segundos: "mamá, mamá, mamá...quiero agua" (¡mamá, que estoy aquí!). Las tres contestaron a la niña diciéndole que "así no se pide", "que pidona" (acompañado de risitas, pero lo dicho dicho está), "pídemela por favor". Juego de poder. Y siguieron hablando.

A los 5 segundos: "mamá, mamá, cuando nos bajemos ¿a que puedo bajar como una pelota?". A mi se me dibuja una sonrisa. Su madre en cambio le dice: "si, si te pones en el pasillo cuando frene si que sales como una pelota despedida". La niña se ríe ante la ocurrencia, la madre le dice enfadada que no se ría, que no es gracioso si le pasa eso. La imaginación, la complicidad y el respeto se van a tomar un café para no volver.

Van llegando a su estación y la niña se pone a jugar con un caballito de juguete ya que estaba sola. Simplemente trotando el caballito en el borde de la ventana del tren, sin hacer ruido, sin molestar, resignada. Pero no fue bastante para la madre, que le dijo: "deja el caballito de una vez o lo guardo". Una madre cuya coraza personal le impedía contactar con su hija y que le hacía despreciar cualquier manifestación de felicidad, juego, presencia o imaginación de la niña, seguramente porque ella sufrió lo mismo y no es capaz de ver cómo lo reproduce con su hija.

Esto es lo que se ve por las calles. Qué no pasará tras los muros de las casas. No me refiero ya a lo que es visto abiertamente como maltrato como pegar a los niños, abusar de ellos o gritarles (incluso a veces ni es visto como tal), que por supuesto afecta, pero a veces no es necesario que pase nada de ello. Son estas pequeñas cosas tan cotidianas las que poco a poco van minando la salud de nuestros hijos. Las que van acorazándoles rígidamente. Las que van robándoles la vida.

Es más, no sólo se ve en gente que no sabe de estas cosas, se ve también en gente que si sabe, o al menos eso cree...Reich llamaba "mercachifles de la verdad" a esta gente que sabe sobre un concepto pero de un modo parcial o adaptándolo a sus propios traumas.

Si ya me entristece profundamente ver esto en la gente "normal", aun me entristece más ver o leer este tipo de cosas en tantísima gente supuestamente de nuestra cuerda. La base de esto es el RESPETO al niño y el saber adaptar nuestro comportamiento a lo que el niño comprende según la etapa del desarrollo en la que se encuentre. Si perdemos eso de vista, si limitamos esto a dar teta (además sin incidir en la importancia del contacto visual y el ESTAR, no dar teta simplemente como alimento por ser beneficioso y dar teta con esa pantalla de la que hablaba antes sin contactar con el niño), a portear porque es muy cool...NO estamos criando ni con apego ni con respeto. Esto no es una moda, es una responsabilidad.

Es tan importante integrar los conocimientos (no sólo leyendo o formándose...hay que llegar a integrarlo, a comprenderlo realmente) como la terapia personal. Para hacer terapia personal no hay que haber vivido grandes traumas. Como podéis ver en esta misma entrada, un niño, un adulto, una persona ya está dañada simplemente con estas pequeñas cosas. Vivimos en una sociedad enferma y todos, absolutamente todos estamos dañados. Sin terapia podemos esforzarnos todo lo que queramos, pero en los momentos de estrés saldrán nuestros demonios. Haremos cosas de modo inconsciente que nosotros no percibiremos pero si el niño.

Esto no va únicamente de nosotras (mucho menos en cuanto a rencillas personales, imagen que proyectamos ante los demás o incluso sacar tajada). Va de nuestros hijos. Va del cambio necesario para el mundo. Va de acabar con el patriarcado. Y para esto tenemos que hacer un ejercicio de honestidad (superando la barrera psicológica que en muchos casos impide hacerlo), identificar nuestros errores y luchar por cambiarlos, diciendo a nuestros hijos que lo sentimos para empezar con cada cosita que se escape, pero también integrando conocimientos sin cesar de aprender y sanando mediante terapia personal.

No dejemos que nuestros fantasmas personales sean lo que somos, ni dejemos que se instalen en nuestros hijos.

Laura Perales, psicóloga, madre y dueña de www.renacuajos.com

jueves, 14 de marzo de 2013

Las opiniones y la ciencia

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Por desgracia es muy frecuente encontrar colegas en psicología infantil que lejos de atender a sus pacientes dan respuesta y solución exclusivamente adaptada al que paga, es decir a los padres, pasando por encima de lo que su paciente realmente necesita (en unas ocasiones para sanar, en otras simplemente para recordar a los padres que al niño no le pasa nada y que son ellos o la sociedad la que debería cambiar sus pautas de comportamiento). Un ejemplo claro es el caso de Supernanny.

Siempre lo digo: Si algo debe tener en cuenta la Psicología es que el síntoma es un aliado, una pista para llegar a la causa, no lo que se debe eliminar sin tener en cuenta la misma. Pero en esta locura de sociedad en la que vivimos, muchos colegas olvidan para qué estudiaron y a lo que se dedican y tienden a responder exclusivamente a lo que les pide el que paga: rapidez (como si la psique y los traumas se reparasen en un abrir y cerrar de ojos) y sobre todo que el síntoma que molesta a los adultos desaparezca. En muchas ocasiones esto se hace además medicando alegremente a los niños (con las consecuencias que conlleva), diagnosticando de modo absolutamente erróneo (por ejemplo diagnosticando TDAH a un niño que no se centra porque sufre una situación de maltrato y encima medicándole con anfetaminas). Por supuesto si no se sana la causa el problema saldrá por otro lado. Es decir, lejos de curarse, al atacar únicamente los síntomas, el problema se magnifica.

En demasiados casos se trata también a los padres de un modo carente de toda ética, ya que sólo buscan el bienestar de sus hijos pero el profesional en quien por supuesto confían da por hecho que desean este tipo de tratamiento (por mucho que si los padres tuviesen acceso a la información eligiesen sanar la causa o comprendiesen que al niño no le pasa nada), o lo que es peor: el "profesional" no está formado para ejercer de otra manera (con lo cual no debería hacerlo).

Una de las causas de que esto ocurra es la búsqueda inconsciente de profesiones donde descargar nuestros propios traumas. Por ejemplo hay obstetras (casi siempre hombres, aunque lo más grave es que también mujeres) que sin saberlo conscientemente estudian para ejercer esa profesión porque desean descargar su rabia, su deseo de venganza hacia sus propias madres y crianzas, su miedo a la vida, a la mujer como fuente de ella...Debido a esto se dan situaciones de violencia obstétrica habitualmente. Del mismo modo ocurre inconscientemente en otras profesiones como maestros que odian a los niños, o psicólogos que también los odian, debido precisamente a las carencias o al trato que sufrieron en sus propias infancias. Seguramente los padres que me estáis leyendo entenderéis mejor este concepto si os lo planteo como cuando vuestro hijo tiene una rabieta y os sentís incómodos, sentís rabia hacia el niño. Esto ocurre porque en nuestra propia infancia nos frustraron cuando teníamos una rabieta, expresábamos rabia que no nos dejaban sacar y por tanto quedó reprimida. Todo aquello que nos provoque un sentimiento que no debería estar ahí, viene de nuestras vivencias pasadas.

Por ello es ESENCIAL que un profesional que se dedique a tratar pacientes (mucho más si son niños), antes de ejercer realice su propia terapia de un modo muy profundo. No hace falta que presente alguna patología, simplemente es lo que se debe hacer por responsabilidad, para no proyectar nada propio en los pacientes. De hecho los padres, maestros, etc, deberían pasar por el mismo proceso.

Tristemente esto no es lo habitual. Hay demasiados psicólogos que se licencian, se colegian y se ponen a ejercer, no sólo sin formarse más profundizando, ya que en la carrera lo que recibimos es muy superficial y del todo insuficiente (además de sesgado con una única visión cognitivo-conductual que en el caso de la psicología infantil no se corresponde en absoluto con la psicología evolutiva), sino que no realizan esta necesaria limpieza propia.

Vemos hasta psicólogos que ni siquiera se especializan en la rama en la que trabajan, lo cual clama al cielo, mucho más en el caso de la psicología infantil, tan diferente a la adulta.

Es el caso de un psicólogo, Miguel Silveira, además famoso, que ofrece su visión sobre la psicología infantil a través de su web, libros, programas de TV...

Señor Silveira. Es poco ético no separar la opinión de lo que nos dice la ciencia y presentarlo desde una perspectiva profesional. Los padres a los que se dirige confían en usted porque es un especialista, porque además es conocido y tiene repercusión mediática. Tenemos una responsabilidad, tiene una responsabilidad.

Para ejercer como psicólogo infantil, uno debe estar formado en psicología evolutiva y especializado. Si no, luego pasan estas cosas. Aunque leyendo algunos de sus artículos, veo cosas muy básicas que directamente aprendemos en la carrera en la parte dedicada a la psicología evolutiva (sin necesidad de especialización) planteadas de manera totalmente errónea. Por lo que en principio en este caso es indiferente si está o no especializado, ya que los errores son de base.

Me han llamado especialmente la atención tres de sus artículos, los cuales comento a continuación:

Hijos maltratadores

Dice, por ejemplo, lo siguiente, que resume el resto del artículo: "¿Qué haría usted si su hijo de tres años le diera patadas para llamar su atención y conseguir lo que pretende?" 

Esto, como ya sabe, es una perversión del lenguaje. Está dando por hecho el objetivo del niño, que, además, si sabe algo de psicología evolutiva y neurociencia, es improbable que a esa edad intente manipular, engañar, ponerse en lugar de otra persona. Se llama Teoría de la Mente, ¿recuerda usted el experimento de Sally y las canicas?. Sobre esto comentábamos en otra entrada. A los 3 años un niño está comenzando a adquirir estas capacidades, las cuales no llegan de golpe y porrazo.

De hecho, aunque hubiese llegado a ese punto, lo que ocurre durante una rabieta es simplemente que el niño no sabe aun identificar ni gestionar sus emociones. Es su modo de comunicarse. Sus emociones son puras, potentes y del aquí y ahora. No intenta manipular a nadie, ni siquiera entiende lo que siente el mismo. Estaría bueno que no llamase nuestra atención, menudos padres seríamos. Cada rabieta es un regalo, una oportunidad de aprendizaje emocional, no algo que debe ser cortado ni una lucha de poder. Porque quien entiende esto como poder en estos casos es el adulto, nunca el niño, y usted debería saberlo (los niños no entienden las cosas igual que los adultos, debería conocer las etapas evolutivas, lo que comprenden a una edad y lo que no. Puede dar un repaso al mismo Piaget, si quiere ir a un autor de los más reconocidos).

Así que a su pregunta, contesto con un "verbalizar lo que siente para que vaya aprendiendo a identificar y gestionar sus emociones, no frustrar sus emociones de ninguna manera aunque sean consideradas negativas, estar a su lado y dejarselo claro". Si se trata de algo para lo que es necesario un límite lógico (no simplemente por autoridad y destinado a marcar terreno, sino un límite como debería ser entendido, como aprendizaje), por supuesto habrá límite (esto se lo comento anticipándome al argumento, de nuevo manipulado, que va a darme. Tan malo es poner límites del modo que usted sugiere como la ausencia de ellos. Eso si, la diferencia es QUÉ límites, POR QUÉ se ponen y sobre todo CÓMO se ponen). Pero no busco que el niño acate órdenes sin sentido, sino que integre, aprenda y QUIERA hacer las cosas. No quiero formar a un niño en el miedo, para que responda al miedo, sino en el respeto. Supongo que también conoce el experimento de Milgram.

Dice en el mismo artículo que el comportamiento violento no surge de la noche a la mañana. Tiene usted toda la razón. Es algo que se gesta desde la infancia, pero no del modo que describe, sino precisamente frustrando las rabietas, consiguiendo que la rabia quede sin expresar, contenida y como base de la estructura psicológica futura, latente en el inconsciente y disimulada con una máscara de amabilidad y querer agradar, gestada a su vez en el no expresar la rabia para conseguir agradar y la aprobación de los padres (que dicho sea de paso, es lo único que busca un niño, no imponerse). Auténticas bombas de relojería.

No, la violencia no surge de la noche a la mañana, para nada. ¿Le suena el concepto de aprendizaje vicario (Bandura)?. Es cierto, si sus padres le tratan con violencia, el niño aprenderá a ser violento. El valor del ejemplo, así explicado en llano.

No obstante, usted recomienda ser violentos a los padres (debería haber cambiado en el título de su artículo la palabra hijos por padres). Hace apología del maltrato (como tal está tipificado en el código penal, sabrá que dar un cachete es delito) en su siguiente artículo:

El cachete prohibido, un error

Le recomiendo la lectura de este y otros artículos de un gran profesional, Ramón Soler. Espero que la información le sirva para actualizarse. Puede ver en ellos estudios que demuestran lo dañina que puede ser esta práctica.

Le repito lo mismo que antes. ¿Puede aportar evidencias científicas que apoyen su postura? opinar y disfrazarlo de dogma profesional es muy peligroso y no es ético. Porque usted opina, nada más. De hecho opina en contra de las evidencias.

Dice usted que "los padres van quedando seriamente maniatados y sin muchas posibilidades reales de reprender y corregir". Es muy triste que alguien que se dedica a la psicología tenga únicamente presente como herramienta educativa el castigo físico. A los padres que no tienen recursos, lo que les maniata es que haya profesionales que les den estos consejos.

Y llegamos al tercer artículo, donde de nuevo cada vez que se refiere a los niños lo hace destilando odio y desprecio (la impresión es de que efectivamente descarga sus fantasmas personales contra ellos).

¡Los niños a su cama!

Comienza con una frase que expresa muy bien ese odio y desprecio: "y al niño le dio por llorar por las noches"

De nuevo la misma perversión del lenguaje, y me temo que tengo que remitirle de nuevo a que repase la psicología evolutiva, la neurociencia y la Teoría de la Mente. Porque nos habla de meses de edad, en este caso no es improbable que un niño manipule, es que es IMPOSIBLE.

Como veo que le falta información, le remito a esta web donde se recopila toda la evidencia científica sobre el sueño infantil. Ya sabe, evidencias, no opiniones.

No se si recuerda a Seligman. La indefensión aprendida. Cito:

"Si, por el contrario, el trauma es incontrolable, la resistencia dará paso finalmente al estado de indefensión que he descrito. En mi opinión, la emoción que acompaña a este estado es la depresión. De forma parecida, cuando un cachorro de mono es separado de su madre, la experiencia traumática produce un gran malestar (para detalles sobre la secuencia protesta-desesperación, véase Bowlby -1973-, Hinde, Spencer-Booth y Bruce -1966-, Kaufman y Rosenblum -1967- y Sackett. Véase también Selye -1956- para una visión muy general de esta secuencia). El mono corre frenéticamente dando gritos de dolor. Entonces pueden ocurrir dos cosas: si la madre vuelve, el cachorro ya puede controlarla otra vez y el malestar cesará; pero si la madre no vuelve, el cachorro termina aprendiendo que no puede hacerla regresar y sobreviene la depresión, desplazando al miedo. El cachorro se hace un ovillo y comienza a gimotear. De hecho, esta es la frecuencia que se produce en todas las especies de primates observadas".

En el mismo libro habla de las consecuencias de la indefensión aprendida (depresión, falta de memoria, capacidad de aprendizaje, perturbaciones emocionales, etc).

Es exactamente el mismo mecanismo que aprende un niño al que no se atiende, al que se aplican métodos para aprender a dormir.

Me dirá usted que es que esto es con primates (que dicho sea de paso, también lo somos nosotros, además de que estos experimentos también se han replicado en humanos con el mismo efecto). Efectivamente, y le doy las gracias por recordarme que los humanos necesitamos aun más del cuidado materno, ya que nuestro cerebro nace aun más inmaduro, se desarrolla más lentamente extra útero y necesitamos mucho más tiempo y cuidado por parte de la madre. De día y de noche.

No se si conoce los efectos para un bebé de no ser atendido en su llanto y "entrenado para aprender a dormir" (entrecomillo porque se le entrena para no llorar, que no es lo mismo, dormir ya sabe perfectamente con el tipo de sueño de un bebé que es diferente al del adulto, otra cosa es que no cuadre con los trabajos de los padres o sus ganas de dormir, pero no, no es un trastorno)

No se si ha oído hablar de las relaciones objetales, de cómo se establece la diferenciación yo-no yo, de como es necesario un útero psicológico, un continuum tras el parto para un desarrollo psicológico sano. No casa demasiado con bebés en sus camas solos. Su propuesta casa más bien con niños y adultos sin identidad propia, problemas de adicción, de pertenencia a sectas, de gestión emocional, de depresión, ansiedad, estructuras psicóticas...

Tampoco habrá oído hablar de la Teoría del apego, del experimento de la situación extraña de Mary Ainsworth. De cómo lo natural (ya que habla usted de leyes naturales) es que un bebé sea dependiente (no en vano somos una especie altricial) para poder alcanzar la independencia real con el paso del tiempo (años). Sin esta dependencia natural y con una independencia impuesta, lo que se consigue posteriormente es precisamente dependencia. Por no hablar de los clasificados en psicología como trastornos del apego.

De todos modos me sigue maravillando como cada uno de sus artículos brilla por la ausencia de referencias a estudios o autores. Opiniones, al fin y al cabo, sin ninguna base.

Entiendo que es usted muy mediático (no hay más que ver su curriculum, escaso en formación, muy abundante en aparición en medios), que debe crear polémica para publicitarse (al fin y al cabo, le sigo el juego), que si quiere mantenerse en la cresta de la ola debe decir no lo que la ciencia y la ética dictan, sino lo que la gente de a pie quiere escuchar o usted cree que quieren escuchar, en todo caso lo que vende (le suena el concepto de disonancia cognitiva o tampoco?). Que le interesa no ser conocido por su profesionalidad, sino por todas estas cosas.

Vender libros y salir en programas de televisión. A costa de cualquier cosa, incluso de niños que serán maltratados.

Un show man, un tertuliano que expresa su punto de vista debe diferenciar entre esa faceta y la que ofrece como psicólogo. Está ofreciendo su mera opinión y sus prejuicios como recetas psicológicas. A mi me gusta la música rock, pero no la recomiendo ni opino sobre ella en artículos de psicología o firmando como psicóloga los mismos. Eso es confundir al personal.

Supongo que no entenderá nada y seguramente ataque con el mismo odio que destilan sus artículos. Alguien que no sabe lo que entienden o no, lo que pretenden o no los niños, no puede comprender esto. Para reflexionar y que quizá lo entienda, sustituya la palabra niño por mujer en sus artículos. Pasaríamos a las "mujeres maltratadoras" que no reciben el maltrato sin rechistar, que sólo quieren manipular al hombre. Las que deben recibir maltrato físico para saber cual es su sitio. Igual así lo entiende.

Laura Perales, psicóloga, madre y dueña de www.renacuajos.com







Basta de etiquetas falsas

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Cada vez más casos de diversas etiquetas inadecuadas como el TDAH afectan a más niños. Un porcentaje altísimo de niños que sólo se comportan como niños sanos son diagnosticados, etiquetados y medicados.

Un niño menor de 6-7 años aprende mediante el juego y el movimiento. Lo normal es que no pare y por supuesto que no se centre en una tarea de tipo intelectual. E incluso después de esa edad, el mismo Piaget, referente en psicología evolutiva, decía que si un niño de 7-8 años en adelante no demostraba interés por el conocimiento, es que algo fallaba, pero no en el niño, sino en la familia o en la escuela.




En esta “moda” de etiquetar a los niños no se tienen en cuenta varias cosas:

Un comportamiento normal y sano en un niño es clasificado como trastorno simplemente porque no encaja en una sociedad donde los niños no caben porque sus padres no están disponibles debido a su trabajo, las aulas están saturadas, los contenidos y la metodología educativa son inadecuados, no se tiene tiempo para los niños y se les apunta a clases extraescolares… El niño no es lo que hay que cambiar.

Se ofrece a los niños gran cantidad de juguetes además inadecuados como sustitutivo del amor y el tiempo que no reciben de sus padres. Juguetes muy llamativos y excitantes que junto con las horas que pasan frente a la TV, consola u ordenador hacen que el niño esté sobreestimulado, con lo cual es difícil que luego centren su atención en una clase que les aburre y que tampoco está adaptada a lo que necesitan.

Debido en muchas ocasiones a la violencia obstétrica, muchos niños presentan reflejos primarios sin inhibir en la etapa adecuada, por lo que no se desarrollan correctamente los reflejos posturales ni las áreas superiores del cerebro, como en el caso de mi hijo. Esto puede generar problemas de desarrollo, de lenguaje, incluso de inquietud y falta de atención como ocurre en el caso de que no se encuentre inhibido el reflejo espinal de Galant, en cuyo caso tendríamos niños que no pueden estar quietos sentados, con dificultades de memoria y concentración, etc (curiosamente, los mismos síntomas que en el TDAH). También puede tratarse de problemas de audición, por lo que no hablan ni se desarrollan correctamente.

Se confunde la individualidad con trastornos. Hay niños que son diagnosticados de TDAH simplemente porque destacan en cuanto a su actividad, o porque les interesan cosas diferentes.  Muchas veces incluso a estos niños se les marca un rol. Si etiquetas a un niño como “movido”, “travieso”, “el que nunca atiende en clase”, etc, el niño va a tender a satisfacer las expectativas del adulto y a comportarse como tal, incluso acrecentando estos comportamientos, esto se conoce como el efecto Pigmalión. Llega a ser tan grave que en muchas ocasiones el adulto increpa al niño ANTES de que el niño haga nada, dando por hecho lo que va a hacer.

No se tiene en cuenta los sentimientos de los niños, son “ciudadanos de segunda”.  Si algo debe tener en cuenta la psicología es que los síntomas son aliados, pistas que nos permiten llegar a la causa del problema. Pero esto no ocurre, se ha llegado al absurdo de priorizar poner fin al síntoma sin tener en cuenta la causa y por supuesto sin solucionar el problema, que aparecerá por otro lado. Para esto se utiliza alegremente todo tipo de medicación. Si un niño presenta por ejemplo problemas de concentración en clase, la tendencia es diagnosticarle y medicarle, no ver si puede estar viviendo una situación de abuso, maltrato, o simplemente que no reciba amor en casa.

Todo esto no se suele tener en cuenta.

Del mismo modo que el sueño natural de un bebé es catalogado de trastorno de sueño y modificado con métodos muy dañinos para el desarrollo psicológico y el cerebro infantil porque dormir menos no encaja con los trabajos de los padres y la baja por maternidad es del todo insuficiente, frente a un comportamiento natural en un niño se diagnostican trastornos como el TDAH porque en nuestro sistema sólo encajan los niños tranquilos, obedientes y fáciles de manejar que más tarde se transformen en el mismo tipo de adultos. Y se les suministran medicamentos como anfetaminas, medicamentos peligrosos que no sólo afectan a su desarrollo cerebral (afectan a la percepción y a la cognición en un cerebro en formación), sino que pueden provocar entre otras cosas accidentes cardiovasculares o incluso muerte súbita.

Lo habitual es que esos niños acaben etiquetados y medicados en unos años preciosos para el desarrollo cerebral. Se les roba su vida. Algunos incluso pueden convivir con esta lacra toda ella. Otros que hubiesen podido sanar con un enfoque y un tratamiento adecuado, como en el caso de los reflejos un programa de inhibición de reflejos, o una terapia auditiva, no pueden curarse en la edad en que pueden hacerlo porque son etiquetados erróneamente y continúan así toda su vida (por ejemplo si son diagnosticados de autismo y simplemente tenían un problema de audición, o de nuevo reflejos primarios sin inhibir).

Es muy triste que los padres no podamos confiar así como así en los profesionales que velan por la salud de nuestros hijos. Pero es la realidad, como decía en otra entrada, hay que buscar profesionales adecuados, debidamente formados, que se dejen de protocolos sin sentido y vean la persona que hay en el paciente.

Hay cientos, miles de niños diagnosticados de modo erróneo. Quizá tu hijo sea uno de ellos y al leer esto descubras que no le pasa nada, o que la causa es otra. Quizá tu hijo aun no ha sido diagnosticado y decides informarte bien.

Yo soy de las que creen que el TDAH no existe. El que me diga lo contrario, por favor, que se deje de opiniones y venga con pruebas científicas bajo el brazo.


PD: en cuanto se emita en unos meses colgaremos la entrevista que me hicieron sobre este tema para TV (Cuatro).

Laura Perales Bermejo. Psicóloga infantil, madre y dueña de www.renacuajos.com 





viernes, 8 de marzo de 2013

El debate científico sobre el sueño infantil

Hoy queremos dar difusión a esta fantástica iniciativa de María Berrozpe y Gemma Herranz (www.suenoinfantil.net), que han presentado este magnífico póster ni más ni menos que en el VII Congreso Nacional de Lactancia, frente a pediatras y otros profesionales de la salud que tienen contacto con madres y futuras madres.

Chicas, es tan importante lo que estáis haciendo, ESTÁIS SALVANDO VIDAS...porque vivir no es sólo sobrevivir. Si desde que eres un bebé te roban tu salud mental aplicándote métodos para "aprender a dormir" que no son tales, sino métodos para rendirte y dejar de llorar a causa de la indefensión aprendida (es decir, lo que aprendes es que hagas lo que hagas no va a servir de nada, y caes en la desesperanza, el estrés, la depresión, la ansiedad), te están negando vivir tu vida por todas las consecuencias que vas a sufrir.

Ojala el mensaje llegue cada vez a más gente, pongo aquí mi granito de arena con vuestro póster en tamaño original para que pueda difundirse de modo que todo el mundo pueda leerlo, imprimirlo y ponerlo en centros de salud o donde se les ocurra que pueda ser de ayuda, que es casi en cualquier parte tenga que ver o no con el embarazo o la maternidad.

Ahora toca difundir, allá vamos!!!!

Sois maravillosas


miércoles, 9 de enero de 2013

El exito en la crianza


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El éxito en la crianza by Laura Perales Berrmejo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en http://tiendarenacuajos.blogspot.com.es/2013/01/el-exito-en-la-crianza.html.

Cuánto nos preocupa tener éxito en la crianza de nuestros hijos...¿estaré haciendo lo mejor para él? ¿esto o aquello repercutirá en su futuro? ¿será feliz? Infinidad de preguntas se nos pasan por la cabeza cada día.

Por desgracia tendemos a ser muy duros con nosotros mismos y las respuestas a estas preguntas pasan a estar condicionadas por una variable que no debería influir para nada en ellas: ¿Qué piensan los demás o qué es aceptable socialmente en el comportamiento de un niño?.

Hay que desterrar esa variable. Se que es difícil porque la incluimos sin darnos cuenta (otros padres por desgracia sólo piensan en eso y además conscientemente, pero no hablo de ese tipo de padres). Nos han enseñado a ello.

Tener éxito en la crianza no es que no llore o no tenga pataletas, es que cuando se sienta mal, cuando tenga miedo o rabia, sepa que estaremos ahí. Que exprese su rabia, su miedo o se enfade sin que nadie le diga que no se enfade, o que "eso no es nada", sin que nadie quite valor a sus emociones (mucho menos sus padres). Al contrario, que sus padres le ayuden a verbalizar sus emociones, expresando las propias y las que siente su hijo, ayudándole a identificarlas y gestionarlas. Diciéndole que estaremos siempre ahí, abrazándole si quiere y si no estando presentes. Y que rabie si es lo que siente, aunque no le guste a la suegra y le diga que es muy malo.

Cuando mi hijo deja que le abrace cuando le digo que se que está enfadado por algo y se calma porque ve que le entiendo y veo en su cara de comprensión que él mismo pone nombre e identifica lo que le pasa, se que todo va bien.

Tener éxito en la crianza no es hacer que el niño duerma del tirón a los 2 días de nacer (ni a los 2 años). Manipular el lenguaje no significa decir la verdad (porque lo que se dice realmente es que los padres quieren dormir del tirón, no que el niño vaya a adoptar un patrón de sueño adecuado a su edad). De hecho aplicar métodos dañinos para conseguir esto es precisamente todo lo contrario a tener éxito en la crianza. Un bebe-niño lo normal es que se despierte de noche, como podemos ver en el enlace anterior. Aplicar métodos de este tipo le daña gravemente.

"Ah, pero es que me dice todo el mundo que es estupendo, que es bueno para el bebé y que sus hijos duermen como benditos 12 horas del tirón".

Por partes:

"Todo el mundo" tiende a contar lo que le conviene (y a tergiversarlo), y si mirásemos por un agujerito lo que pasa en casa de "todo el mundo", veríamos que sus hijos se acuestan a las tantas, se despiertan por la noche y hacen todo lo que se supone que jamás hacen.

"Todo el mundo" no sabe sobre procesos y desarrollo cerebral de bebés y niños y las opiniones no son ni mucho menos lo mismo que la ciencia.

"Todo el mundo" tiende a justificar lo que no es correcto maquillandolo de lo bien que les ha ido y además exageradamente a causa de la disonancia cognitiva.

Cuando mi hijo por la noche se agita, sin llegar a abrir los ojos me toca la cara con su manita para saber que estoy con él y sonríe plácidamente para seguir durmiendo, se que todo va bien. Aunque los opinólogos pongan el grito en el cielo.

Tener éxito en la crianza no es que un niño de menos de 3-4 años comparta sus juguetes. Sencillamente porque no lo comprenden, su cerebro en formación aun no está preparado para ello. Tampoco comprenden que "mama vuelve en un ratito", o que "ahora te hago caso que estoy hablando con Pepita", porque no entienden más que el aquí y ahora. Ni entienden que hay que recoger los juguetes. El cerebro adulto si está formado y preparado para entender que esto es así, pero parece que "todo el mundo" tiene un cerebro testarudo y demasiadas ganas de aparentar pasando por encima de los niños.

Cuando mi hijo se enfada si se me escapa un "un momento hijo, que ahora no puedo" o si le quitan algo, se que todo va bien.

Tener éxito en la crianza no es que un niño se mantenga quietecito y sin molestar cuando los adultos están ocupados con "cosas serias". Un niño es un niño, no un objeto decorativo.

Cuando mi hijo corre, explora y cotillea todo en una visita social, se que todo va bien, por mucho que "todo el mundo" se asombre cuando yo estoy más con él que con los visitados.

Tener éxito en la crianza no es decirle a un niño que haga algo y que lo haga sin rechistar. Que tristemente valorado está este punto, y cuanto se exhibe en público, aunque sea mediante gritos, amenazas, castigos o incluso violencia física. Esto sorprendentemente es distintivo social de ser un buen padre. Enseñar a tu hijo que debe acatar ordenes aunque no las entienda, que debe doblegarse ante el más fuerte. Después se le exigirá que hable con sus padres con los que no se comunica cuando es adolescente, o que tome decisiones independientes, o que sea una persona que no se deje amilanar. Pero su cerebro ya tiene sus "caminos neuronales" bien marcados para todo lo contrario. 

Cuando mi hijo se rebela contra lo que no comprende, cuando me dice que no, cuando le enseño por qué no debe hacer algo mediante el ejemplo o explicándoselo (no mediante la imposición) y veo que el va estableciendo sus preferencias, consiguiendo sus logros...y me sonríe orgulloso de si mismo...entonces se que todo va bien.

Tener éxito en la crianza no es tener un niño correcto, cariñoso y de paso guapísimo. Es tener un hijo que sea ÉL MISMO sin que nadie pretenda engrisecerle. Que haga lo que le gusta hacer y desarrolle sus capacidades, sus habilidades individuales. No quiero que mi hijo sea abogado o arquitecto. No quiero que le caiga bien a todo el mundo. Quiero que sea UNAI. Poco a poco crece, me da el privilegio de ir viendo como surge su yo, y se que todo irá bien.

Tener éxito en la crianza es precisamente eso. No es tener éxito en quedar bien con los demás ni en lo que se espera de tu hijo. Es tener clara la responsabilidad de criar y acompañar a un niño independientemente del murmullo incesante de los opinólogos. Es que el que tenga éxito en la crianza sea tu hijo logrando ser el mismo, no que tu tengas éxito en la crianza cara a los demás. Porque si no es así ¿para quién tenemos expectativas?

Perdamos el miedo a la crítica y las ganas de agradar a los demás. Hay una persona que nos necesita incondicionalmente, y su mundo se resquebraja cuando delante de otros adultos actuamos así.

El objetivo no es que los niños dejen de actuar como tales, es que tengan el apoyo y el acompañamiento correcto. No dudéis, no tengáis miedo, lo estáis haciendo bien aunque vuestro hijo tenga pataletas, aunque no se coma dos platos completos en una comida, aunque tenga todo desordenado y tire las cosas por los aires, aunque se despierte por la noche, aunque se enfade con otros niños o con vosotros...Le estáis dejando ser un niño, le estáis permitiendo que madure y aprenda naturalmente, adecuadamente a su ritmo biológico y psicológico. Aunque no le guste a la vecina.

Unai, te adoro. Eres único. Gracias por compartir conmigo este camino y por enseñarme más que cualquier asignatura o libro.

Laura Perales Bermejo. Psicóloga, madre y dueña de www.renacuajos.com